domingo, 18 de febrero de 2018

EL PERRERO, O “EL PEDRERO” DE MOTA DEL MARQUÉS


Las leyendas contienen un texto escrito en negro y se acompañan de imágenes con un amplio comentario explicativo (recogido en rojo y cuya finalidad es razonar ideas). Si desea leer el artículo entre líneas, bastará con seguir la negrilla y las letras rojas destacadas.

ANTES DE COMENZAR; HEMOS DE AGRADECER A LA COORDINADORA CULTURAL AREPA XXI (Asociación para la Recuperación del Patrimonio de Mota del Marqués) LA AYUDA QUE SIEMPRE NOS FACILITA -EN ESTE CASO, QUE NOS PERMITA DIVULGAR LAS IMÁGENES DEL PERRERO). EN ESPECIAL HEMOS DE AGRADECER A DIEGO ALONSO ALONSO, LA INFORMACIÓN Y DATOS QUE NOS HA PROPORCIONADO SOBRE ESTE MONSTRUO FUSTIGADOR DEL CARNAVAL, QUE A “CARA DE PERRO” PERSIGUE A LAS GENTES EN MOTA. FIGURA QUE ÉL ENCARNA Y QUE SE HA RECUPERADO A TRAVÉS DEL ESFUERZO Y EL RECUERDO DE MUCHOS MOTANOS. 

En la imagen junto a estas lineas, Diego Alonso (en este caso disfrazado de San Fermín santico). Incluimos esta divertida foto, para que podamos conocer a quién protagoniza El Perrero de Mota en nuestros años.












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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: El Perrero persiguiendo y descansando. Arriba, imagen tomada el año pasado (2017) y subida a Facebook por Arepa siglo XXI, donde les vemos siguiendo a jóvenes. Abajo, una fotografía de El Norte de Castilla, diario al que agradecemos nos permita divulgarla (1) . Tomada en la cafetería El Casino de la Plaza Mayor; en ella se encuentra El Perrero, junto al Alcalde de Mota del Marqués (Sr. D. Gerardo Hernández Álvarez) y a una de las directoras de Arepa XXI (Sra. Da. Gloria Hernández Martín).
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El Perrero
sale en febrero.
Con su flagelo
y cual herrero
a golpe de arriero
azota guerrero... .
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El Perrero
sale en febrero
y corre torero.
¡Ay compañero
si no das dinero
te pega fiero...! .
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El perrero,
el perrero
carnavalero... .
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Comenzamos esta leyenda con una copla infantil que se solía cantar en el siglo XIX al famoso Perrero de Mota; cuyos orígenes son ancestrales y su historia tan curiosa como divertida. Todo lo que iremos descubriendo en el presente artículo, que comenzaremos con el análisis de las Mascaradas en nuestro folklore peninsular (tal como las explica una página que la Junta de Castilla y León ha liberado en la red con el fin de que las conozcamos). Tras ello, seguiremos con una investigación propia acerca de estas celebraciones, para terminar narrando la leyenda de El Perrero de Mota.
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Diversas fotos de el Perrero de 2017 divulgadas en la página de Mota del Marqués de Facebook. Al lado, persiguiendo a jóvenes por las calles de Mota. Abajo y arriba, mientras entraba en la cafetería Ruy Wamba de la Plaza Mayor, ante el asombro de los allí reunidos (hemos tapado los rasgos en el rostro de posibles menores de edad, por previsión a la ley de protección).

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A) ORÍGENES Y SIGNIFICADO DE LAS MASCARADAS:
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Como dijimos, analizaremos primero estas fiestas comenzando desde las páginas que la Junta de Castilla y León divulga en internet, con el fin de dar a conocerlas. Resumiendo los diferentes epígrafes que han incluido acerca de estas celebraciones; que comienzan con una “Introducción” donde se explicaque máscaras, fiestas y religión formaron la trilogía que dieron origen a nuestras mascaradas invernales. No porque sean paganas, son menos religiosas que cualquiera de las celebraciones litúrgicas cristianas. Tienen otro tipo de religiosidad, incluso más intensa” (3) .
Sigue el portal digital de la Junta con el título “Carácterísticas”, escribiendo:
Las mascaradas de invierno en Castilla y León tienen como caracteres definitorios (...) los siguientes:
-La época en que se desarrollan (…) de la Navidad al Día de Reyes o Epifanía. Después, algunas se han ubicado en épocas distintas.
-Uso de máscaras demoníacas o zoomorfas (...) hay que incluir también las caras pintadas.
-El empleo y sonido de cencerros, esquilas o campanillas, como recurso purificador de los males de la localidad, por lo que recorren todas sus calles, haciéndolos sonar sin parar.
-Uso de instrumentos fustigadores (tenazas articuladas, vejigas hinchadas, pelotas, ...), a las que hay que sumar el lanzamiento de diversos materiales (ceniza, paja, harina,...) o el roce con otros (corcho quemado, anilina,...). Unos y otros tienen sentido fertilizador.
-Protagonismo de los mozos solteros, como organizadores y actores de las mascaradas; en muchos lugares, se concretaba y aún se concreta toda la organización y realización en el subgrupo de los quintos.
-Las mascaradas significan un rito de paso para estos jóvenes, que han de demostrar su capacidad organizativa y fuerza física necesaria para entrar en el mundo de los adultos.
-El ámbito de actuación es la propia localidad (…) .
-Rasgo inherente a la fiesta es la generación de desorden, carreras, gritos, saltos,..., pues las máscaras les confieren un estatuto de superioridad por encima de la normas, al tiempo que estos actos reflejan el caos invernal de la naturaleza.
-Casi todos los actos rituales que se ejecutan tienen importante carga simbólica y componentes mágicos” (4) .
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes mías de los campos de Mota del Marqués y sus trigales. Arriba, en el camino de subida a Tiedra, llamado por muchos “la cuesta tijeras”. Abajo, la población y sus cultivos vistos desde el Camino de Santiago, en el tramo entre Vega de Valdetronco y Mota. Como podemos observar, la agricultura fue y sigue siendo una de las dedicaciones más importantes en este pueblo vallisoletano. Consecuentemente, hemos leído antes que todas las mascaradas tienen un sentido fertilizador y de beneficio para las tierras o para el ganado. Las celebradas en los meses de Febrero y Marzo (como la de El Perrero) son a mi juicio herederas de las festividades del fin de año agrario antiguo. Una anualidad que comenzaba con Aries (el 21 de marzo) y terminaba con Piscis (el 20, un día antes). Por su parte, este era el mes de Marte -como dicta su nombre “marcial”-; durante el cual decidían en Grecia y Roma, qué hombres y jóvenes se iban para servir al dios bélico (lo que después fueron los “mozos” o “quintos”) . Marchando los de Marte a la guerra, separados y distinguidos de aquellos otros varones del pueblo que se quedaban para laborar la tierra y cuidar del ganado. Estas circunstancias y las fechas del Carnaval explican las numerosas fiestas que de celebran, descendientes de otras más antiguas: Unas ancestrales, para celebrar la llegada de las lluvias y el final de los fríos invernales; otras -de origen grecorromano- para conmemorar la marcha de los que se iban para servir a Marte, luchando en tierras lejanas (tras ser elegidos como soldados).
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Sigue el texto que analizamos, con un apartado dedicado al recuerdo más antiguo de las mascaradas, donde escribe: “El origen de estas fiestas es controvertido (...) hunden sus raíces en los ritos prerromanos de las sociedades agrícolas y ganaderas. Estas creencias y ritos primitivos van a integrarse en el cuerpo religioso romano, principalmente en las celebraciones Lupercales, Saturnales y Kalendas, cuyos ritos se difundirán por el Imperio (...) las que más intensamente han influido en nuestras mascaradas han sido las Lupercales, ligadas a Fauno y al mundo pastoril, lo que se confirma con la atribución popular de las mascaradas a pastores en bastantes de nuestras fiestas. (...) El hecho de que hayan llegado al siglo XXI mascaradas con ritos tan antiguos demuestra el arraigo de tales celebraciones entre la población, singularmente, entre la rural. Y eso que desde muy pronto, la Iglesia empezó a condenar la celebración (...) Tras este primer intento por erradicar estas fiestas paganas sin conseguirlo, viene un período caracterizado por el impulso hacia un sincretismo” (5) .
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Pasa finalmente la web de la Junta a explicar los diferentes estilos de mascaradas, distinguiendo entre tres formas principales:
-Mascaradas demoníacas: Aquellas en las que el protagonista lleva máscara de carácter demoniaco, que, la Iglesia, por su aspecto, las va a convertir en símbolo del Diablo cristiano.
-Mascaradas zoomorfas: En las que el protagonista es una máscara con forma animal, bien sea de toro, características de la provincia de León
-Mascaradas demoníacas al servicio de la liturgia cristiana: (...) a partir del Concilio de Trento (…) potenciando la fiesta de Corpus Christi”.
Termina el texto exponiendo que:
Todas las máscaras demoníacas realmente representan a unos seres intermedios entre los dioses y los hombres, los démones, en quienes se encarnan los espíritus de los antepasados, que regresan a la tierra, aprovechando el parón invernal, para pasar revista a nuestras formas de vida, purificar nuestros pueblos y a sus gentes y fertilizar nuestros campos, ganados y mujeres (...) por el rito que realiza, golpeando con barro, también es símbolo de fertilidad agraria y humana” (6) .
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Una extraña máscara que guarda el claustro de la Catedral de Braga (Portugal) -a la que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. En foto, al lado, vemos ese raro ser mascarado, que nadie sabe qué sentido tiene y que preside actualmente el patio de salida de la Seo Bracariense (una de las más importantes de la Edad Média). El tipo de trabajo en piedra de la cabeza es tosco y popular, pareciendo una imitación del siglo XVIII de modelos románicos. Por lo que quizás se corresponda con una imagen hecha en épocas tardías (durante La Ilustración y tras la expulsión de los jesuitas por el Marqués de Pombal); queriendo parodiar la lucha que San Martín de Braga realizó contra toda mascarada. Pues tal como explica la página que hemos estudiado de la Junta de Castilla y León, este santo portugués en los concilios de Braga de los años 561 y 572, así como en sus libros De correctione rusticorum y Capitula Martini, condena las kalendas” y toda fiesta relacionada con las máscaras. Celebraciones que posteriormente dieron origen al Carnaval, que tan de moda puso la Ilustración en el siglo XVIII (principalmente en Venecia y Francia). Abajo, foto del patio de la Seo Bracariense, donde se encuentra este extraño ser “enmascarado”.
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B) SIMBOLISMO, PROCEDENCIA Y SIGNIFICADO DE SUS ATRIBUTOS Y RITOS:
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1º-B) EL FLAGELO:
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A mi juicio y sin lugar a dudas, se encuentra en el Egipto faraónico el origen ritual de este instrumento que servía para azotar bestias y personas. Donde en las primeras épocas dinásticas ya vemos flagelos sagrados fabricados en metales preciosos y adornados con gemas -iguales a los utilizados comúnmente, para golpear o quitarse insectos-. Siendo este uno de los dos atributos que el faraón lucirá siempre; reyes que veremos siempre representados con los brazos cruzados y portando un cayado (o bastón corto) en una mano, mientras sujetan el flagelo con la otra. El significado de ambos objetos es tan obvio como ancestral, pues el cayado es el símbolo ganadero y también bastón de mando militar; mientras el flagelo se ostenta como signo de poder y represión, por cuanto sirve para castigar o corregir. Siendo los dos instrumentos el distintivo de la disciplina y del gobierno; tal como lo son todavía el bastón de mando y los fasces en el mundo militar (cuyo simbolismo es paralelo -por no decir, el mismo-).
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De tal manera, encontraremos ya el flagelo como atributo real en las representaciones de Min o Minu; el dios de la fertilidad que se considera primer faraón, fundador del Egipto dinástico y de su capital homónima (Menfis -del nombre Min o Men-). La historia de esta deidad faraónica la hemos relatado en numerosos artículos, de los que recogeremos un breve resumen tras las imágenes, con el fin de conocer el significado de su flagelo; que para la mayoría de expertos es un símbolo de fertilidad, sexualidad y hasta de erotismo (7) .
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Representaciones del dios Min. Al lado relieve de la capilla blanca de Sestrosis I, en Karnak (XII dinastía). Abajo, relieve del mismo dios en los pasillos del Templo de Luxor (también Karnak; XVIII dinastía). Observemos en las imágenes: El pene erecto (circuncidado, lo que indica su rango de sacerdote-rey) y el flagelo en sus manos; ambos, símbolos de fertilidad.









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Decíamos en anteriores artículos nuestros que: Entre todos los dioses de fertilidad mediterráneos, el "padre" o "abuelo" de aquellos fue Min (o Minu) de Egipto; dios-faraón del Nilo y una de las deidades más antiguas del Antiguo reino. Su representación es la de un hombre de piel oscura, con corona imperial, alas de halcón y flagelo. Atributos reales, pero también sexuales; pues la figura de Min es además itifálica y para colmo carente de un brazo (o con uno de ellos atado al cuerpo). Más tarde explicaremos el significado de esa representación de un faraón de tez oscura, con el sexo erecto y manco; pero expondremos primeramente el origen de tan extraña divinidad, cuyo culto se refería a las siembras y a las buenas cosechas:
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Creen los egiptólogos que este Minu es la personificación del primer faraón llamado Men (Min), cuya existencia histórica se testimoniaría hacia el 3150 a.C. y que se considera el unificador del Alto y el Bajo Egipto. Pese a ello, el dios de igual nombre se documenta mucho antes, y ya hacia el 3500 a.C. en el valle del Nilo existen evidencias de su adoración. Hecho por el que los expertos en esta civilización opinan que aquel es el recuerdo de las tribus o gentes nubias, que llegaron del Sur hacia mediados del IV milenio y alcanzaron las tierras del Bajo Egipto (el delta). Debido a ello, se tiene al Min como una deidad originada en la zona de Nubia, por lo que se deduce que su representación sea la de un hombre de piel muy oscura; pero los atributos reales que porta serían el recuerdo del mencionado primer faraón (Mene).
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Por lo demás, la historia de esta deidad itifálica, narra que habiendo tenido que ir todos los hombres del Nilo a la guerra, se quedó solo Minu en tierras del Nilo cultivando las riberas. Un oráculo le advirtió que todos los egipcios morirían en la lucha y que él debía preñar a cuantas más ciudadanas pudiera, para perpetuar la raza en el lugar (algo que parece hizo con gran efectividad). De ello que sea tenido por dios de la fertilidad y de las cosechas, siendo su rasgo el prominente pene erecto con el que siempre se le representa. Siguiendo con su historia, en lo que refiere a la falta de un brazo, unas versiones narran que no hubo de ir a batallas por carecer de este, siendo ejecutado al regresar sus compatriotas y ver la prole que había generado con sus mujeres. Aunque el mito más común es aquel que cuenta cómo el apéndice le fue cortado por sus compañeros, a su vuelta de la guerra y ver a sus mujeres con hijos; todos del color de piel de Min.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, el faraón Akhenatón (Amenofis IV) en una imagen de la fototeca universidad de Bruselas –a la que agradecemos nos permita divulgarla-. Abajo, el famoso Tuthankhamón (suegro del anterior) en su sarcófago de oro; foto tomada directamente en el Museo de El Cairo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Observemos en ambos, el flagelo que portan en una de sus manos; que en el caso de Tuthankhamón es de bronce, oro y gemas preciosas.






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Posteriormente, aquellos niños que generó el oscurito y recio nubio Min, crecieron con mayor fuerza que el resto de los egipcios; por lo que se enfrentaron a los blancos y les vencieron, llegando a reinar y gobernar en el Nilo. Narrando la leyenda de este dios Min, la llegada de los fuertes centroafricanos a Egipto; que en principio pudieron ser usados como esclavos (o sirvientes para la agricultura), pero que por su mayor fuerza física y resistencia, acabarían haciéndose con el reino. Pese a ser Min el recuerdo de estas primeras dinastías tinitas, el dios representa fundamentalmente a la casta de agricultores y a las crecidas del Nilo, que cubrían de un denso y negro fértil limo las llanuras del desierto. Siendo aquel Minu con su falo erecto, la divinización del río desbordándose, cuyas aguas procedían del mismo lugar que los nubios (el eje central de África). Su figura simboliza el mestizaje, aunque es la única representación verdaderamente obscena que existía en el panteón faraónico (que carecía de formas explícitas en figuras sexuales). Pero que se relaciona plenamente con el Osiris agrario, padre fallecido y resucitado que simbolizaba la semilla que muere necesariamente, para germinar tras ser enterrado.
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Al parecer, muy semejante en su valor simbólico debió de ser el "objeto sagrado" que luce siempre Min: El flagelo. Pues aunque el dios es representado comúnmente junto al símbolo del Ank; Min lleva en la única mano que le queda, ese “látigo de faraón” (en actitud de golpear -véase imágenes, más arriba-). Herramienta que al parecer tiene un significado muy unido al del arado, por cuanto "abre surcos al utilizarse" -aunque el flagelo los deje sobre la piel y no en la tierra...-. Por lo que siempre se ha considerado este atributo de Minu como un símbolo de fertilidad; que unido a su carácter agrario completa sus similitudes con Osiris. De cuanto vamos deduciendo y comentando, ya podemos conocer las particulares aproximaciones entre el dios del Sol y el faraón flagelador, itifálico y manco; deidad de la fertilidad que se asimilaba a Príapo por los griegos. Un dios que se documenta en el 3500 a. C., pero cuyos cultos y formas han permanecido hasta nuestros días.
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De tal manera, terminaremos diciendo que no solo Príapo se parecía a Min en su gran falo; sinó que el flagelo también era típicamente usado en los ritos de fertilidad grecorromanos. Consecuentemente, era normal celebrar las fiestas priápicas con procesiones en las que los asistentes llevaban látigos con los que golpeaban a las mujeres. Aquellas iban a estos rituales de flagelación, para hacerse más fértiles. Así sucedía en Roma en las Lupercales, procesionadas por jóvenes en taparrabos que simulando a Fauno, golpeaban con cintas de cuero a toda fémina que se cruzaba en el camino. Mientras las griegas o romanas asistían en masa a estas fiestas, pues se suponía que ese flagelo Lupercal era de gran efecto fertilizador. Hechos y costumbres que permanecieron hasta nuestros tiempos, en fiestas principalmente celebradas en el Carnaval; donde es normal que los mozos salgan disfrazados con sus látigos, para flagelar a la ciudadanía -concediendo a la población, al ganado y a los campos, el don de la fecundidad-.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, látigo córciro, tal como lo recoge Philip Vandenberg en su magnífico libro EL SECRETO DE LOS ORÁCULOS -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. En la obra, Vandenberg explica cómo este flagelo -hecho con puntas metálicas- se batía contra los calderos y servía para ahuyentar los males del Oráculo de Dodona. Siendo el látigo Corciro a mi juicio un espantapájaros, que en Dodona hacía ir venir con sus sonajas a las palomas, y en cuyos vuelos los augures leían el futuro. El uso del flagelo como ahuyentador de demonios, es típico en las religiones mediterráneas; incluso en las de Asia, donde es común ver al sacerdote con un instrumento de este tipo en la mano, gesticulando al oficiar ceremonias (tal como sucede en las sintoístas).

Abajo, los campos de Mota del Marqués, vistos desde el camino de San Cebrián -con su castillo y colina que le da el nombre de “mota”-. Estos trigales han de regarse con las lluvias caídas del cielo; siendo las más comunes aquellas que se producen desde febrero, cuando hay que comenzar a preparar la labranza, para sembrar la primavera. De todo ello, las fiestas de Carnaval indican el comienzo del año agrario y el deseo de fertilidad durante la época de labor que llega. Su nombre procede de la “carne” como símbolo de la fecundación o del sexo; aunque en verdad se refiera más a la fertilidad de los campos y del ganado.
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2º- B) LA FLAGELACIÓN RITUAL SEGÚN MARIANNA SCAPINI:
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En un trabajo publicado recientemente por esta autora, podremos comprender qué significaba la flagelación ritual entre griegos y romanos; tanto como su sentido de fertilidad. El estudio que referimos de Scapini se intitula WHIPPING IN MYTH, RITUAL AND MAGIC PRACTICE -flagelación en el mito, en rituales y prácticas mágicas- (8) ; donde se exponen las siguientes ideas (que resumo, traduciéndolas del libro):
Entre las imágenes griegas y romanas -convenidas tanto por la poesía como por la iconografía- los instrumentos cotidianos como látigos, aguijones y aguijones (μάστιγες, κέντρα, οἶστροι, stimuli, verbera, flagella, virgae) se representan como armas divinas muy comunes, básicamente dirigidas en transmitir dos significados: En primer lugar, los azotes son una representación frecuente del castigo divino. En segundo lugar, a menudo representa una intervención divina dirigida a obligar a algo o a alguien a reaccionar en un asunto determinado. Ambas están claramente inspiradas en las principales funciones de los latigazos en la vida cotidiana de estas sociedades rurales: conducir animales, obligar o castigar a los esclavos y castigar a los delincuentes (8a) .
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Como vemos en los textos griegos, cuando los azotes punitivos o estimulantes se dirigen a una persona, su primer efecto es a menudo una identificación con lo sagrado. Sobre la base de una posesión tan sobrenatural, la persona azotada sufrirá una paliza de castigo, o reaccionará y será obligado de acuerdo con la voluntad de dios -en el caso de un azote estimulante- (8b) . Los mitos griegos son ricos en ejemplos de tales castigos divinos punitivos donde aparecen los azotes; fundamentalmente, en la descripción bien conocida de la posesión dionisiaca (...) A partir de estos casos, vemos cómo las posesiones tanto dionisíacas como eróticas frecuentemente implican escapar de la sociedad o romper lareglas de la vida civil. Tanto en la situación de las ménades Bacantes y de Phaedra, se trata de mujeres que dejan sus roles y deberes tradicionales -como Olivier de Cazanove tiene precisa-. (…) En la literatura romana, un ejemplo de estimulación erótica descrito con la metáfora del látigo y más definido del flagelo; fue descrito y mencionado por Horacio que habla del flagelo sublime de Venus. (8c) .
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Tenemos textos que aluden a las prácticas de azotes en Rituales griegos y romanos de diferentes épocas. Dos ejemplos de ello fueron recogidos por Pausanias (8,23), que habla de mujeres azotadas en el templo de Dionisos en Alea y muchachos espartanos azotados en honor a Artemis Orthia (...) En cuanto al mundo romano, los autores antiguos hablan del ritual de la Lupercalia, donde los jóvenes nobles corrían subiendo y bajando desnudos por toda la ciudad; golpeando a aquellos que se encontraban en las calles, con sus correas peludas y sobre todo dando en las manos a las mujeres, para propiciar su fertilidad. Plutarco, (Caes. 61) escribe que: Muchos de los jóvenes nobles y de la magistrados recorren la ciudad desnudos, de un modo impactante (..) para divertir a los que se encuentran con taparabos lanudos (..) Y muchas mujeres nobles vienen a ellos con el propósito, tirándoles como a un maestro; así le ofrecen sus manos para ser golpeadas (..) creyendo que ello propiciará la fertilidad y el embarazo (8d) .
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado; Carantoña, máscara del día de San Sebastián (20 de enero) celebrada en el pueblo extremeño Acehuche -tal como la muestra el Museo Provincial de Cáceres; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Abajo, los campos de Mota del Marqués durante la siega en verano y que en estos días de febrero se riegan con las primeras grandes lluvias, augurando una buena cosecha.









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En nuestra cita (8e) incluyo -traducidos- el resto de párrafos interesantes de este gran trabajo de Marianna Scapini, en el que podemos ver claramente el significado del azote ritual durante las procesiones grecorromanas. En especial de aquellas que se celebraban al final del invierno y al comienzo de la primavera. Pudiendo concluirse a través de estos estudios, que toda celebración primaveral donde se azotaba, se relacionaba con los cultos agrarios y de fertilidad. Rogando al dios, a través del dolor y de esos golpes, para que la cosecha fuera propicia y las lluvias benéficas; sin enviar desde cielo granizos, ni hielos (en épocas de germinación). Todo lo que uniría aquellas fiestas grecorromanas de Baco o de Dionisos, con las de Min o Minu. El primer faraón egipcio, que simbolizaba las crecidas y los limos del Nilo; cuyos cultos de fertilidad fueron el origen de aquellos famosos ritos orgiásticos de Príapo. El dios griego de enorme pene, que servía para asustar a los extraños con su deformación (ahuyentando así a los extranjeros de los campos) y simbolizaba la fecundidad de las aguas y de las lluvias (con ese gran falo semejante a un arado).
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Unos extraños cultos, conservados en Egipto, Grecia y Roma; que procedían -a mi juicio- desde rituales ancestrales nacidos en el Neolítico. De celebraciones trogloditas o de la última Edad de Piedra; donde el hombre realizaba danzas semejantes a las de la “lluvia” y festivales de fertilidad, celebrando orgías cavernícolas para aumentar la tribu y mejorar las cosechas o el ganado. De aquellos remotos tiempos, procedería esta costumbres de flagelar, como medio de fertilizar los campos. Debiendo entenderse que aquellas gentes tan precarias y remotas del Neolítico incitaban al sexo de ese modo (golpeándose). Todo lo que tiene su origen en una psiqué de personas que desde niño han sufrido el dolor y el azote (como sucedía el la Edad de Piedra). Hechos que estudiaremos de un modo más preciso en nuestro siguiente epígrafe.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, Jarramplas; otra máscara del día de San Sebastián que sale en la población castúa de Piornal -tal como la muestra el museo provincial de Cáceres, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Este Jarramplas, al igual que las anteriores Carantoñas de San Sebastián; actúan cuando termina el invierno en Extremadura (a fines de enero) y son demonios o ancestros primitivos que golpean a cuantos encuentran por las calles. Su sentido -a mi juicio- se relacionaría plenamente con las celebraciones neolíticas de fertilidad; pidiendo a los dioses lluvia y buen año de cosechas. Siendo aquellos azotadores de las fiestas de iniciación a la primavera, “daimones” que nos han llegado directamente de el Neolítico. Simbolizando los tiempos en los que el hombre dependía plenamente de la Naturaleza para subsistir; cuando se organizaban las primeras Sociedades agrarias (desde el 8000 a.C.). Por cuanto expreso, la importancia de conservar estos ritos y costumbres es crucial; todo lo que agradecemos a AREPA MOTA XXI que ha recuperado El Perrero de Mota (en este caso, en la figura de Diego Alonso, que en los días de Carnaval luce su máscara, de tipología “daimónica”).
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3º-B) FLAGELACIÓN RITUAL EN LAS FIESTAS DE INICIACIÓN DE LA PRIMAVERA: PROHIBICIÓN Y POSTERIOR SÍNCRESIS EN EL CRISTIANISMO:
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Decíamos en artículos míos anteriores (9) , que el año comenzaba en la Antigüedad hacia el 21 de marzo. Debido a que en las zonas de latitud mediterránea (entre el paralelo 30 y el 45); en esta la época se inician las labores agrícolas. Siendo las fiestas que se celebraban en estos meses, las que señalaban el final del frío y el principio de las lluvias -que hacen su aparición en estas tierras de latitud mediterránea desde febrero-. De tal manera, con el ciclo de Piscis (del 22 de febrero al 20 de marzo) concluía el año, que se iniciaba con el nacimiento del Aries. Días en los que se rendía culto a los dioses de la labranza; para solicitarles lluvias, prosperidad y fuerzas en los trabajos del campo.
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A estos festivales de final de año agrícola, también se trasladaron en época romana tardía, las Saturnales. Que antes de la profusión del Mitraismo se habían celebrado al final del año solar (entre el 15 y el 24 de diciembre, días en los que "muere y renace" el Sol). Saturnales romanas, que como su nombre indica, eran fiestas de orgía y desenfreno; aunque en su comienzo no se relacionaban con las ceremonias agrarias, ni con los misterios agrícolas que hablamos. Correspondiendo esos festivales de Satuno más bien un tributo u homenaje que se rendía al dios de los infiernos; permitiendo a los ciudadanos durante esos días -del 15 al 24 de diciembre-, cometer todo tipo de excesos y hasta atrocidades. De la modificación calendárica, llevando Las Saturnales a los Idus de Marzo (comienzo del año agrícola); creemos que derivaron aquellas primeras celebraciones relacionadas con los misterios paganos (del campo) hacia cultos más aberrantes. Puesto que en un principio, los rituales agrícolas debieron ser simplemente de adoración a la fertilidad y al sexo, en forma semejante y tal como los egipcios realizaban sus Faleriadas (festival del Falo de Osiris, que apenas tenía cultos obscenos, ni excesivos).
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Desde estas Saturnales, trasladadas al fin de año agrícola y unidas a ciertas celebraciones del comienzo de la cosecha (de tipo orgíastico); nacerían y permanecerían ciertos ritos, que nos llegaron convertidos y sincretizados como los Carnavales de Occidente. Una celebración que en tiempos de La Ilustración quiso recuperarse, para devolverla al pueblo; por cuanto se recordaba que esos días prohibidos del Carnaval, habían sido los más divertidos de la Historia. Pese a ello, no está tan claro su carácter lúdico inicial y ni siquiera su alegría en la participación o en sus festivales; puesto que muchos de los cultos que se seguían eran durísimos. Flagelando de manera terrible a quienes se ofrecían voluntariamente; o incluso, dando muerte a los elegidos por sorteo para este fin.
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Conforme a todo ello, hablaremos primero de las religiones frigias que se impusieron en Grecia y Roma; donde al parecer los piratas carios (cilicios de las costas anatólicas) importaron los ritos de Cibeles y su hijo Attis. Cuyos misterios se celebraban al inicio de cada primavera del modo que ya hemos relatado en algunos artículos nuestros; principalmente recogiendo cuanto de ellas narra el profesor Alvar (10) . Quien trata sobre las emasculaciones de Attis en su obra mencionada anteriormente, citanto a Ovidio en Fastos (IV, 179; 372); expresando que en las fiestas de Cibeles de primavera, los más devotos seguidores se castraban. Siendo este un hecho que interesaba tremendamente a los romanos para explicarse el significado de los misterios frigios. Por su parte, Fírmico Materno (11) , enseña que todo ello puede comprenderse porque las fiestas de Attis eran consideradas como una acción de gracias a las cosechas; en las que el dios y sus seguidores se identificaban con el trigo. Debido a ello, el castigo que se aplicaban a sí mismos -o unos a otros- era similar al que realiza el segador en los campos. Debido a esos ritos de sangre, los sacerdotes de Cibeles obligatoriamente eran eunucos y estaban regidos por los superiores (de mayor rango) que carecían de pene y testículos, llamados galli (galos). Aunque existían otros tipos de castrados; que tan solo habían aplastado sus testículos, o los que los habían quitado por ablación (unos al cortárselos y los primeros al golpeárselos con piedras). Siendo aquellos un "segundo grado" de oficiantes o de fieles devotos, que conservaban el pene y tenían erecciones -pudiendo participar en las orgías de aquellos misterios-.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, ostostato de la Diosa Kubaba ( fragmento ciudad Karkemish) fechado en el siglo IX a.C. -propiedad del Museo de Ankara al que agradecemos nos permita divulgar la imagen-. Esta deidad hitita adorada desde mediados del segundo milenio a,C., era llamada Kuba-Ba y su nombre significaba la cúbica. Siendo el símbolo del aerolito y por ende, del mineral del cual se extraía el metal. Como diosa de la minería y del meteorito, su culto era ctónico (referido al inter-nos, al interior de la tierra y de la mente) y se la consideraba generadora de la civilización. Todo lo que se comprende desde su significado como deidad de los metales, que permitían la creación de sociedades avanzadas. Tanto fue su simbolismo como deidad de las urbes, que su nombre latinizado en la forma de Cibeles (Kybele desde Kubaba) dio origen a Civile (de donde deriva nuestra voz “civilización”). Abajo, un dibujo mío de la estatua de Cibeles en el centro de Madrid; lugar y plaza en la que dicen los madrileños se celebraban ritos de “magia blanca”.
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En el artículo donde analizaba y relataba estos misterios agrarios de Attis (12) pedíamos perdón a los lectores, para poder seguir describiendo lo que fueron aquellos cultos de flagelación y amputaciones. Expresando nuestras disculpas del siguiente modo: Rogando al lector nuestro perdón, pues sabemos lo poco grato que puede resultar tener que entrar en menudencias acerca de un tema tan "doloroso" (nunca mejor dicho...). Pero en verdad, si no estudiamos la Historia tal como era, podemos limitarnos a pensamientos o imágenes idílicas. Con las cuales soñemos que aquella Roma Imperial era una gran civilización y que todas las que se le opusieron, no fueron más que un detritus que no comprendía la grandeza de la cultura latina. Evidentemente, no cabe la menor duda de que Roma tuvo grandes méritos; entre ellos ser la "madre de Europa". Pese a todo -en mi opinión- entre las virtudes del latino no estaba la mística ni la espiritualidad religiosa, quizás por herencia etrusca; quienes les enseñaron a vaticinar el futuro destripando humanos... . Aunque posiblemente la falta de misticismo del romano estuviera motivada por la propia estructura de su Estado, basado en los éxitos y en la ambición de expansión. Sea como fuere; parece cierto que muchas de estas fiestas del Carnaval "clasico y romano", tenían más de sanguinoliento que de carnales.
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Destacaban entre todos aquellos festivales de Cibeles en Roma, los que daban comienzo en nuestro mes de marzo y en honor a Attis. Celebraciones que se llevaban a cabo del 15 al 27 de ese mes y entre cuyos ritos era principal el del día 24, llamado "jornada de sangre" y donde se hacían las emasculaciones. Mientras, durante el resto de días se representaba fundamentalmente el mito de este hijo de Cibeles, con diferentes procesiones y actos (todos bastante exaltados, por no decir de enajenación generalizada y en los que la flagelación colectiva era contínua). Aunque el peor era el denominado "Dies Sanguis", que sucedía tras el 23, llamado "el Saliar"; en el que los sacerdotes de Marte bailaban las famosas "saliares", acompañados de címbalos e instrumentos de viento. Desfile y danzas que se consideran muy relacionados con los rituales de los Curetas o los Coribantes (danzas militares y de iniciación a la guerra). En todos ellos se sucedían los azotes de los asistentes que deseaban ver estos ritos sanguinolientos y que eran fuertemente flagelados dos por ayudantes de sacerdocio (quienes a su vez se golpeaban a sí mismos, con enorme furia).
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Todo lo que hemos relatado, se explicaría -a mi modo de ver- al ser esta de Cibeles una religión procedente de gentes sometidas a la esclavitud (principalmente libertos). Unos hechos que se demostrarían observando como el atributo de Attis era el gorro frigio, prenda típica de los esclavos liberados. Debido a ello, creemos que los ritos de Cibeles darían a entender la esclavitud como un método de civilizar pueblos; lo que concedería derecho a los "civilizadores" para cometer atrocidades con quienes llevaban hasta su estado cívico. Primero incorporándolos a su Sociedad como esclavos y más tarde, concediéndoles la libertad (hasta la ciudadanía romana). Por lo que en sus ritos se llevaba a cabo la castración; una costumbre con la que se solía castigar al prisionero de guerra antes de venderle y que se practicaba con muchos de los esclavos domésticos (para evitar que tuvieran relaciones sexuales con las mujeres de la casa).
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Siguiendo con este tipo de ceremonias agrarias de primavera, probablemente nacidas en la Edad de Piedra y conservadas hasta el cristianismo. Destacaron también como duras y terribles, las flagelaciones de jóvenes ante la Artemisa de Esparta. Unos feroces ritos que ya hemos descrito en otros de nuestros artículos del siguiente modo (13) : En el recinto sagrado de la Artemis Orthia, se llevaban a cabo algunos de los cultos más cruentos de la antigüedad, entre los que se encontraba la flagelación sagrada (denominada en griego "diamastigosis" = "azotar severamente"). Martirio ritual, al que se sometían los jóvenes de la ciudad de manera voluntaria, alentados por sus familias, pese a que en numerosas ocasiones les provocaba la muerte -siendo preciso en algunas CiudadesEstado iniciarse en esta ceremonia para poder ingresar en el ejército-. Un sacrificio cruento que en muchos casos necesitaba del fallecimiento de un inmolado, por lo que en algunos templos de Artemisa -como el de Éfeso o el de Esparta- ofrecían anualmente una víctima propiciatoria humana. El elegido (en ocasiones por sorteo) era sometido a las más aberrantes torturas o azotes, hasta que dejaba de vivir frente al altar de la diosa. Unos rituales cruentos, de los que ningún ciudadano digno se podría librar; ya que las familias o grupos sociales obligaban a sus hijos a ser uno de los flagelados, para poderse considerar de ese modo, entre los má valientes.
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En el epígrafe primero (A) recogíamos cuanto decía sobre las mascaradas una página de la Junta de Castilla y León; donde explican con las siguientes palabras el arraigo popular que estas debieron tener, debido a lo que han sobrevivido: El hecho de que hayan llegado al siglo XXI mascaradas con ritos tan antiguos demuestra el arraigo de tales celebraciones entre la población, singularmente, entre la rural. Y eso que desde muy pronto, la Iglesia empezó a condenar la celebración (...) San Martín de Braga, que en los concilios de Braga de los años 561 y 572, así como en sus libros De correctione rusticorum y Capitula Martini condena las kalendas (...) Tras este primer intento por erradicar estas fiestas paganas sin conseguirlo, viene un período caracterizado por el impulso hacia un sincretismo” (14) . Pese a todo y en mi opinión, no eran iguales todas las celebraciones; pues algunas mascaradas tendrían como misión la iniciación a la guerra, mientras otras fueron de carácter puramente agrario. Cuanto se comprende porque aquel mes de marzo era en el que reclutaban los jóvenes para llevarlos a servir a Marte -dios bélico-; mientras otros varones quedaban guardando el ganado o las cosechas (principalmente por motivos de edad o minusvalías). Sea como fuere, parece claro que cuando la Iglesia prohíbe las fiestas de máscaras y las flagelaciones colectivas, la mayoría de la población del imperio romano debió “descansar”. Pues la depravación de las Saturnales y Lupercales, unida al horror de ritos como los de Attis y Artemisa; harían de las iniciaciones de primavera unas épocas de abusos, fechorías y terror. Fiestas que finalmente se sincretizaron en otras muy diferentes; como las múltiples mascaradas de Navidad, La Candelaria, San Sebastián, San Blas, Las Águedas y un largo etcétera de celebraciones a las que sumaron nuestros Carnavales (en recuerdo de aquellos festivales agrarios y tras erradicar totalmente las fiestas cruentas).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, grabado antiguo con la famosa Artemisa de Éfeso; diosa a la que se ofrecían jóvenes para ser azotados hasta la muerte. Su figura va adornada con pechos en forma de testículos de toro (para destacar el poder genésico de la diva) y con bestias como leones (con el fin de recordarnos su unión con la antigua Kubaba y con la Kybele griega). Es muy conocida la predicación de San Pablo a los Efesios; ante el santuario de esta Artemisa. Una plática de la que se dice, motivó la destrucción del templo y la biblioteca por parte de los cristianos; que acabaron con todo resto de esta diosa de los bosques y los animales, llamada por los romanos Diana. Tal fue el poco acierto de San Pablo al predicar ante los efesios, aconsejando mantener posturas duras y patriarcales sobre las mujeres (a cuenta de los ritos en el artemisión). Que comúnmente se denomina un “Ad-Efesios” -adefesio- algo horrible o monstruoso. Pese a ello, hemos de recordar que no eran muy recomendables las celebraciones de la Artemisa efesia, donde se inmolaban jóvenes a golpes del flagelo. Asimismo tampoco fueron ritos comprensibles los de Cibeles (principalmente en Roma), por cuanto los cristianos desearon elevar su ciudad de religión sobre el antiguo templo de esa diosa. Habiendo investigadores que consideran cierto que el baldaquino de San Pedro se encuentra en el lugar donde los “galos cibelinos” realizaban las castraciones humanas rituales (pese a que no se corresponde el lugar con el del Templo de Cibeles, Palatino). Unos y otros cultos nos llevan a comprender por qué los romanos abrazaron pronto la religión cristiana; máxime desde el momento en que Diocleciano cometió todo tipo de aberraciones contra los devotos de esa nueva fe. Abajo, un dibujito mío de San Pedro de Roma.
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4º-B) LA MÁSCARA DEL GUERRERO:
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Lo último que nos queda por estudiar en estas fiestas, es el sentido de la propia máscara; que muchos identifican con demonios, otros con totems como el toro y que a mi juicio se trata de caretas rituales -neolíticas-, reconvertidas en un modo para esconderse del pueblo, aquellos que daban o recibían los terribles azotes (en tiempos antiguos y cuando las mascaradas eran muy cruentas). Pues desde mi punto de vista, la máscara fundamentalmente servía para que los mozos así ataviados no fueran del todo reconocidos, pudiendo hacer cuanto desearan. Quizás como un uso ritual antiquísimo y heredado de un “festín” previo a la guerra; donde los reclutados para ir a batalla eran iniciados de esta forma. Dejándoles hacer lo que quisieran con su propia población: Sometiéndoles, fustigándoles y hasta abusando del pueblo; como un paso previo a lo que tendrían que realizar en el campo de batalla. Todo ello expresado en las mascaradas, como un derecho consuetudinario admitido por la población a la que servirían aquellos nuevos soldados y que cada mes de marzo partían para “los campos de Marte”.
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De esta forma, la mascarada como iniciación a la guerra tendría un similar sentido a la costumbre del “novio” en la caza; uso ancestral que aún permanece en nuestras tierras y que hemos tenido que sufrir quienes matamos por primera vez una pieza mayor. Siendo considerado el neófito cazador “el novio” del pobre guarro o del infortunado venado que se cruzó en nuestro camino. Con el cual compartiremos momentos de asco y risa, mientras los perreros nos embadurnan con su sangre, nos cortan el pelo, nos arrastran junto a las tripas del animal y hasta nos hacen comer su carne o entresijos crudos... . Una costumbre en la que los perreros son los dueños por unas horas de aquel novato que ha cazado; aplicando al que llaman “el novio” el castigo de haber acabado con “la novia” (la pieza abatida). Un rito ancestral y posiblemente neolítico, que se conserva intacto en nuestra cultura y por el que aún pasan todos los cazadores (desde el rey hasta el más humilde hombre).
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Pero regresando a la máscara griega -madre de las carnavaladas-, veremos lo que sobre ella nos explican los expertos en religiones grecorromanas. Entre los que he elegido a Friedich Georg Jünger ; que aplica el epíteto de “dios enmascarado” al hablar de Dionisos del siguiente modo: “El dios, que cambia y se transforma, no adopta sólo apariencias zoomorfas, sino que también se muestra caminando entre la multitud festiva, cubierto por un ropaje bajo el que cabe sospechar su presencia aunque su ser esté allí envuelto de un modo irreconocible. Llega disfrazado, como un dios con máscara, como el enmascarado Dioniso. Por todas partes se encuentran sus máscaras (...) El dios con máscara da a conocer, como la máscara misma, una duplicidad. La máscara oculta y revela.(...) La máscara es un rostro y ha sido formada para el rostro, pero no es una imagen, no es una copia que pretende la semejanza individual, pues el hombre con máscara no se reproduce a sí mismo ni a otra persona sino al dios. (...) La máscara y el falo que se pasea en las procesiones celebradas en honor a Dioniso guardan una relación: la máscara evidencia la vitalidad fálica. Estas procesiones marcan el inicio de la naturaleza bufonesca que se ha propagado por todas partes y que no niega su origen dionisiaco. Bajo la máscara de su bufonada el bufón es hombre dionisiaco, es el señor del mundo invertido, al igual que Dioniso. Desde las Dionisiadas, pasando por las Saturnalias romanas y el Festum Stultorum o el Festum Fatuorum, la verdadera fiesta de los bufones de la Edad Media, llega hasta el presente la esencia del payaso” (15) .
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Los cultos de flagelación en primavera son de origen ancestral. En Roma y Grecia destacaban por su crueldad los de las diosas Artemisa y Cibeles, cuyas raíces se remontan al cuarto milenio a.C.. Como muestra de ello, traemos a imagen dos dibujos míos de deidades previas a Kubaba y a Kybele helena; tanto como a la Artemisa griega y la Britomartis cretense. Al lado, Hebat hurrita del III milenio a.C., amamantando sobre leones. Abajo, Hana-hana diosa madre anatólica del IV milenio a.C. y antecesora de Kubaba, Kybele o Cibeles; tanto como de las Artemisas helenas. Se representa como una gran matrona de grandes pechos, sentada en un trono sujetado por dos leones.



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En las anteriores palabras de Jünger podremos ver claramente la diferencia entre el dios de la fertilidad enmascarado y el guerrero con máscara. Pues el Dionisos con careta se refiere a las fiestas de lujuria y lujo; a las celebraciones de primavera que tenían como finalidad la fertilidad (la procreación, la fecundidad del ganado y las buenas cosechas). Aunque no hemos de olvidar que este dios Dionisos fue asesinado de niño, “enmascarándose” para intentar evitar que le dieran muerte. Lo que le sucede en la figura de Dionisos-Zagreo, deidad cretense cuyo culto y nacimiento es paralelo al de Zeus. Pues Zagreo, tras ser engendrado por el rey del Olimpo y Perséfone; es ocultado en la cueva del Dicte, en Creta (donde también nació y escondieron a su padre). Pero los Curetas -que simbolizan los soldados cretenses- atrajeron hacia el exterior de la caverna a Zagreo, ofreciéndole juguetes y manzanas de oro. Cuando salió el niño de la gruta se lanzaron contra él para matarlo, y el hijo de Zeus dio tremendas muestras de valor, transformándose en distintos totems; aunque finalmente los titanes lo capturaron, despedazándolo y devorándolo (16) . Esta forma de Dionisos cretense, según Robert Graves explica y expone los terribles ritos dionisiacos que existían en la antigüedad; entre los que no faltaban las inmolaciones de niños, ricamente vestidos o enmascarados y representando así en efigie al monarca, que se mataba en la figura del pequeño (lo que explicaría las transformaciones de Zagreo en diversos animales).
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Los ritos del anterior Dionisos cretense (Zagreo) se explican mejor si recordamos que en las flagelaciones de Artemisa Orthia o en las de Artemisa de Éfeso, quienes portaban caretas eran los chicos ofrecidos a la diosa (para ser azotados hasta la extenuación). De ese modo, todo lo explicado puede llevarnos a entender por qué “el enmascarado” goza del derecho a repartir golpes o del deber de recibirlos (sea Perrero, Carantoñas, Botarga, Demonio o Jarramplas). Pese a todo, cuanto quedó de las fustigaciones y latigazos rituales antiguos, fue tan solo la anécdota divertida. Donde la mascarada se centra en producir la risa y -a lo máximo- propiciar algún susto. Hechos que se sincretizaron por el catolicismo, que no permitió la flagelación ritual ajena y que tan solo toleró la propia a quienes desearan borrar sus pecados con dolor físico (permitiéndoles auto-penitenciarse bajo unas normas de dignidad). Dejando tan solo la autoflagelación en determinados ritos y celebraciones -principalmente de primavera-; siempre bajo el control de todos (sin que pudieran golpear libremente a quienes participaban de las procesiones). Quedando así la mascarada con azotes como una fiesta de risa y bufonadas; donde los quintos o los mozos reparten “estopa” para celebrar el comienzo del año agrario o su marcha a la Mili.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes del rey D. Pedro I, sobre el que versa la leyenda de El Perrero de Mota del Marqués. Al lado, grabado con la efigie de Pedro de Castilla que encabeza la edición de la Crónica de Pédro López de Ayala; Tomo I "CRONICA DEL REY DON PEDRO IMPRENTA DE DON ANTONIO DE SANCHA EN EL AÑO DE M. DCC. LXXIX". Abajo, estatua del rey Pedro en alabastro (tal como la exhibe el Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Es una estatua póstuma fechada a mediados del siglo XV y procedente del desaparecido monasterio de Santo Domingo, en Madrid; que pertenecía a un monumento funerario levantado en memoria de este monarca de Castilla.


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C) LA LEYENDA DE “EL PERRERO” O “EL PEDRERO”:
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La leyenda del “perrero”
antes llamado “pedrero”,
en su recuerdo postrero
nos habla del traicionero
que mató a Pedro primero:
Duguesclin, perro rastrero
del bastardo Enrique mercero;
es el satán callejero
de Mota. El carnicero,
fustigador, bandolero.
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Copla motana, que recoge la leyenda del perrero; historia que antaño se llamó “el pedrero”, al estar fundado su personaje en la afrenta y muerte de Pedro I -asesinado por su hermano bastardo, con el engaño y ayuda de Bertrand Duguesclin-. Don Pedro era muy querido en la zona de Mota del Marqués, donde vivió sus mejores momentos, junto a su amante (María de Padilla, que vivía en Urueña). Así fue recordado en aquella mascarada protagonizada por un demonio fustigador; quien rememora la figura del traidor que provocó la muerte del rey castellano: Bertrand Duguesclin (que se supone sale vestido de Bafomet, fustigando al pueblo).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, grabado antiguo de Bertrand Guguesclin; terrible general formado en la Guerra de los Cien Años, famoso por lograr cuanto se proponía por cualquier medio (principalmente con la traición o con su particular técnica militar llamada "arrasar tierra"). El general llegó a ser Condestable de Francia, aunque el odio que le granjeaban sus sucios métodos de guerra, le provocó una pronta enfermedad y la muerte (al poco de su nombramiento). Fue este guerrero bretón, sin prejuicios, ni honor; el que fraguó la traición del rey D.Pedro. Haciéndole ir hacia un lugar, prometiéndole darle ayuda y escape; aunque le llevaba a solas hasta la tienda de campaña de su hermano Enrique, donde el bastardo le esperaba para darle muerte a traición y proclamarse así rey de Castilla.
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ABAJO: Campos de Montiel, con el castillo de la Estrella; donde se refugió el rey Pedro, perseguido por su hermano. Conociendo que aunque Duguesclin fuera el general enviado por los franceses (para ayudar de su hermanastro); era mercenario y traidor. Pedro pensó en comprarle y que le procurase escape de esas murallas, donde le sitiaban. De ese modo, durante la noche del 23 de marzo de 1369, el monarca intentó huir del castillo de Montiel siguiendo los consejos y la ayuda que le ofreció el galo; quien realmente le llevó hasta el campamento de Enrique. Al llegar el verdadero rey a la tienda del bastardo, se enzarzaron ambos en una pelea y Duguesclin sujetó a Pedro para que o apuñalase libremente Enrique. Se dice que mientras le ayudaba de ese modo (para que matase al hermano), Duguesclin pronunció la famosa frase de “ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor...” (con la que se disculpan muchos traidores...). Hemos elegido y trabajado las imágenes del castillo de Montiel que el precioso blog “Buscando Montasalvage” publica; recomendando a los interesados en el tema de Montiel y Don Pedro, visiten esta web y su artículo dedicado al Castillo de la Estrella:
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1º- C ) Pedro I y Mota del Maqués:
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En los epígrafes anteriores hemos visto cómo los orígenes de aquellos ritos de Carnaval con protagonistas luciendo caretas y fustigando, hunden sus raíces al comienzo de los tiempos. Aunque la historia del perrero es un tanto diferente, pues parece que fue una adaptación de las mascaradas de antaño, revitalizada tras la llegada de los Trastamara. Todo ello para homenajear al rey Don Pedro; un monarca muy querido en la zona y que -como sabemos- fue asesinado a traición por su hermano bastardo Enrique; quien se proclama rey de Castilla de ese modo tan aberrante. Siendo posteriormente conocido por la Historia como Enrique “el de las Mercedes”; ya que al carecer de autoridad, daba títulos y mercedes a cuantos se los pedían, ganando solo así los adeptos. Pero comenzaremos por el principio, para saber qué significó inicialmente aquel Perrero de Mota del Marqués, tan ligado a Pedro I que originalmente se llamaba “El Pedrero” al recordar la afrenta hecha a D. Pedro.
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Este monarca, único en reinar nuestras tierras con el nombre del patriarca de la Iglesia, nace en 1334 por el enlace entre María de Portugal y Alfonso XI. Su padre no se hizo nunca cargo de él (apenas lo conoció); al tener otra familia y vida, compartida con su verdadero amor: Leonor de Guzmán. Una bellísima mujer que le dio a Alfonso diez hijos; todos ellos, hermanos bastardos de Pedro (17) . Al morir Alfonso XI (por peste) sube su único vástago legítimo al trono, coronado como Pedro primero. Tenía el nuevo rey por entonces solo quince años y ya era amante de una bella y delicada castellana llamada María de Padilla. Pese a todo, su padre había acordado que se casara con una princesa inglesa y a la vez concertó su matrimonio con otra gala; todo lo que comenzó a dificultar la vida del infortunado nuevo monarca. Pues Europa vivía la llamada Guerra de los Cien Años, más de un siglo en los que Inglaterra y Francia luchaban encarnizadamente; practicando de continuo razzias. Sistema terrible de desgaste del enemigo también llamado “cabalgadas”, en los que se pasaba a territorio ajeno, provocando a la población civil todo el daño que se pudiera. Matando niños y mujeres, infectando las ciudades con peste y enfermedades, quemando poblados y cosechas, violando y torturando. Un terrible sistema de guerra que generó una casta de generales anglofraceses mercenarios, impíos y sin honra; quienes durante ciento veinte años pretendieron acabar por esos medios tan horribles con su contrario y en favor de quienes les pagasen.
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Por su parte, Aragón y Castilla vivían entonces una época de próspera expansión -con los acostumbrados enfrentamientos-; habiendo logrado retirar a los árabes al extremo sur de Iberia (tras la batalla de Salado). Teniendo como gran negocio Castilla, la venta y distribución de lana merina por toda Europa; lo peor en esa situación era tomar partido entre Francia o Inglaterra -que vivían una contienda centenaria-. Por ello, la decisión del padre de Pedro I (Alfonso XI) prometiendo a su hijo desde niño con una princesa francesa y a otra inglesa, era más que un despropósito heredado. Pues obligaba a Castilla a no ser neutral, viéndose adscrita en uno de los bandos; lo que provocaría ataques a sus barcos que transportaban por el Cantábrico las lanas castellanas (carabelas que partían desde puertos como los de Asturias, Santander o Vizcaya, rumbo a las Islas Británicas, Francia, Flandes o Alemania).
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JUNTO; SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotografías de Urueña. Arriba, subida al castillo y muralla desde el Sur. Al lado, vista a lo lejos, desde la carretera hacia Toro-Tiedra. Abajo, una imagen interior; su lago y castillo (hoy cementerio). En esta villa residió durante largo tiempo Maria de Padilla, junto a sus parientes y caballeros de mayor fidelidad al rey D.Pedro. Aquí acudía y se escondía el monarca, junto a su amante y sus hordas más cercanas. Así lo hizo el 5 de junio de 1353, tras casarse con Blanca de Borbón y huir de su recién desposada; seguramente al ver que Francia le había traicionado, mandando a la princesa sin dote. Todo lo que indicaba que la boda con la francesa había sido de nuevo una patraña urdida por sus hermanastros, para crearle problemas (en este caso con Inglaterra, que se hallaba en guerra con Francia desde hacía casi un siglo).
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Para peor destino y presagio de lo que sería el reinado y vida de D. Pedro; durante el entierro de su padre, tomaron prisionera a la amante de Alfonso: Leonor de Guzmán (que en pleno sepelio pasó a vivir bajo vigilancia; primero en Sevilla y luego en Carmona). Un año después, fue enviada a Talavera; ciudad de la “reina” madre (María de Portugal) y donde la verdadera viuda ordena que la ejecuten. Una terrible venganza realizada de un modo tan cruel como inhumano, realizada frente a alguno de sus vástagos. Esta impía ejecución de Leonor de Guzman provocó el odio fratricida y atroz de sus diez hijos, hacia su hermanastro Pedro. Quienes desde entonces se sublevan en continuas revueltas y alzamientos, pretendiendo siempre dañar o destronar al verdadero rey de Castilla. En esta situación, el preceptor del monarca -llamado Alfonso de Alburquerque- le convence de que la mejor solución para mantener la paz, era casarse con Blanca de Borbón. Una francesa que sus hermanastros aceptarían como reina; logrando con ello calmar los ánimos de los hijos de Leonor y de su padre, acallando así las continuas sublevaciones (que se producían por todo el reino, bajo el mando de aquellos numerosos bastardos).
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La boda se celebró en junio de 1353, en Valladolid; prometiendo Francia una gran dote y acompañando Don Fadrique (el segundo vástago de Leonor de Guzmán) a la novia desde la Frontera, hasta la capital castellana. Tras ello, el resto de hermanastros que acudieron al enlace permanecieron en Cigales, en actitud semibeligerante, pero acatando a Pedro como monarca. Aunque a los dos días de la ceremonia y viendo el rey que Blanca llegaba sin dote alguna, decidió abandonarla e irse con su amante a Urueña. Población donde solía residir María de Padilla y en la que se refugió el rey Pedro desde aquel 5 de junio de 1353 (huyendo de su séquito); ordenando que encerrasen a su esposa Blanca de Borbón en el Alcázar de Sigüenza -y más tarde en el de Toledo; quizás en espera de que pagasen la dote-.
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Desde aquellos hechos, todo fueron sublevaciones y problemas para el rey Pedro; cuyas iras y malos consejos, le llevaron incluso a matar algunos de sus hermanastros -a Fadrique, Juan y Pedro-. Aunque también es verdad que perdonó varias veces la vida al mayor de ellos -Enrique- tras haberle vencido en batallas sucesivas. De tal manera, tras lo narrado, comprendemos cómo la repudia de Blanca de Borbón hizo que Francia apoyase la causa de los hermanos bastardos; a los que más tarde conoceremos como Trastamara (por el título que usaba Enrique: conde de Trastamara). Por todo ello, el monarca -todavía con apenas veinte años- decide divorciarse de la francesa; preparando casarse con una nueva pretendiente al trono, en este caso española y llamada Juana de Castro -hija de un fuerte noble gallego-. Logra el beneplácito de nulidad matrimonial gracias a varios obispos (como el de Ávila o el de Salamanca), celebrando bodas con Juana en la primavera de 1354; solo diez meses después de haberlo hecho con Blanca. Aunque de nuevo, al poco tiempo del enlace vuelve a abandonar a la esposa (con la que nunca más tendrá contacto pese a haberla dejado embarazada); pensándose que actuó así porque el Papa le recrimina y excomulga debido a la falsa nulidad y al matrimonio ilícito contraído con Juana.
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JUNTO; SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotografías de Urueña. En este caso, Nuestra Señora de la Anunciada (ermita de estilo románico lombardo) sita en las faldas de su subida a la muralla. Abajo, los muros y la entrada sur de la Villa.






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Estos últimos hechos enfurecieron a la familia Castro -fuertes nobles castellano gallegos-, que ante la afrenta del abandono de su hermana se adhieren al bando de Enrique de Trastamara (sumándose a los bastardos en múltiples sublevaciones y revueltas). En esta situación y momento, apareció muerto el preceptor del rey, quien le aconsejó casarse con Blanca de Borbón: Juan Alfonso de Alburquerque. Que asimismo había sido Alférez Mayor de Alfonso XI y ayo de su hijo, cuando lo abandona su progenitor para vivir con Leonor de Guzmán. Aunque aquel consejero y amigo del rey Pedro había caído en desgracia desde que concertó la boda y el pacto con Francia. Por lo que el monarca le destituye en 1353, prescindiendo por entonces de todo hombre con confianza a Alburqueque; pasando a situar en esos puestos principales a los parientes de María de Padilla. Tras lo que su preceptor actuó de forma traicionera, asociándose con los hermanastros del rey, con el fin de que formasen una liga contra la corona -entregándoles él mismo, las tierras entre Alburquerque y Ciudad Rodrigo; llegando los bastardos pronto a dominar hasta Medina del Campo-. Tal fue la inquina que tomó el rey contra su valido por aquella traición, que cuando Juan Alfonso aparece muerto en Medina del Campo -pocos meses después-, todos pensaron había sido envenenado por orden real. Siendo convertido en mártir para la causa de los hermanos del rey, que desde ese momento no cesaron en su intento por derrocar al monarca.
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Fue entonces, cuando los contrarios a D.Pedro logran asediar la ciudad de Toro; plaza hasta entonces de su madre y que pasa al bando contrario. Pese a ello, Pedro llega hasta aquella ciudad ocupada, entrando en ella (con solo veinte años); debido a que no temía los encierros, ya que poco antes había sido sitiado en Tordesillas, habiendo logrado batir el cerco perfectamente. En esta situación; el monarca y sus principales caballeros permanecieron junto a la villa de Toro, mientras los partidarios de los bastardos acamparon en San Román de Hornija; donde le daban cerco. Tras ello, se consideró preso el rey en aquella plaza de Toro; pero finalmente huye a Urueña, donde permanecía su amada María de Padilla junto a los caballeros más fieles. Pero la reina madre (María de Portugal) obliga al hijo a volver a Toro, para conversar con sus adversarios. Momento que sus rivales (ayudados por varios caballeros e incluso con la presencia de los infantes de Aragón) le vuelven a dar cerco y le plantean unos acuerdos. Unas “vistas” que se llevarían a cabo en varias reuniones realizadas en Tejadillo -a medio camino entre Toro y Morales, y a tres kilómetros de esas poblaciones-. Allí pactaron que Pedro volvería con Blanca de Borbón, que repudiaría para siempre a María de Padilla y que apoyarían todos a la causa francesa. Cuanto firmó como pacto el rey (ya preso); aunque durante una cacería celebrada en los campos de San Román en el mes de diciembre, logró huir a Segovia y desde allí a Burgos (con el fin de seguir reinando y quebrar aquellos acuerdos firmados bajo un cerco).
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JUNTO; SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotografías y lugares de los hechos que relatamos. Arriba, mapa donde recogemos las poblaciones que están relacionadas con estos episodios de la vida del rey D.Pedro. Hemos marcado con un círculo y número cada una de estas; señalando especialmente Tejadillo con el 3. Habiéndolo localizado desde la situación que menciona Pedro López de Ayala (18) y la referencia que nos da el “diccionario geográfico” de Isabel II (19) . Pudiendo determinar finalmente que Tejadillo -“sito a legua y media de Toro y a la misma distancia de Morales”-, es un lugar al Sur de ambas poblaciones, cercano al Duero y también a medio camino entre Toro y San Román (donde asentaron su campamento los sublevados). Al lado, fotografía del rio Duero a su paso por San Román de Hornija, vista tomada desde Castronuño. Como exponen las Crónicas de López de Ayala; los partidarios de Enrique se establecieron en la famosa villa visigoda de San Román, mientras asediaban al rey en Toro y paseaban el ataúd de Alburquerque por las murallas exteriores de la urbe, gritando que el monarca había envenenado a su preceptor. Finalmente, Pedro ya cansado del asedio y de mentiras, decide huir a Urueña, aunque la madre le insta a entablar un acuerdo con sus hermanos y los infantes de Aragón -que le esperaban en San Román-. Aquellas vistas falsas se celebraron en 1354 en ese lugar llamado Tejadillo, una población abandonada desde 1490, pero que hemos localizado en un montículo entre Toro, Morales y San Román de Hornija. Abajo, imagen del lugar que yo identifico con Tejadillo.
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Tras los pactos rotos de Tejadillo y la huida del rey Pedro (en 1354), ya no hubo más posibilidad de acuerdo entre ambas facciones. Se sucedieron las batallas y las guerras entre hermanastros; y los bastardos finalmente se alían con Francia, que les presta enorme ayuda al saber que el rey había logrado el apoyo del Príncipe Negro. Así llegará ese famoso guerrero británico hasta nuestras tierras, acompañando a Pedro I, entrando por Bayona y situándose en Navarra -tras haberle prometido el monarca español entregarle Vizcaya si lograba la victoria frente a los bastardos-. Conociendo los franceses la ayuda enviada desde las Islas Británicas al rey de Castilla, deciden poner al mando de Enrique a su más fiero y terrible general: Bertrand Duguesclin (famoso como mercenario cruel, paro también por sus alianzas y su astucia). Un guerrero tan bueno en sus intrigas como malo en el terreno militar; que había caído preso de los ingleses varias veces, aunque se libraría siempre de enemigo gracias a cuanto pagaban por él. Pues el general era de gran utilidad para su país, ya que seguía una durísima estrategia denominada “arrasar las tierras”; por lo que su impericia en el manejo de armas, era suplida con sus maldades. Logrando cualquier fin dañando sin miramientos a la población civil, aplicando todo despropósito o por medio de la traición. Tanto, que sabemos cómo Bertrand Duguesclin siquiera manejaba la espada, siendo el hacha su único arma en el campo de batalla; al igual que utilizaba cualquier método sucio, para batir y combatir al enemigo.
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Frente a Duguesclin y sus “compañías blancas” -unidas a las fuerzas de los bastardos-, se situaron en Nájera (en 1367) los ejércitos del rey D.Pedro y del Príncipe Negro. Fue tal el miedo que el francés siente al observar la superioridad del bando contrario, que aconseja a Enrique se rinda sin ni siquiera batallar. Los del hermanastro no le hicieron caso y presentaron la cara; siendo pronto vencidos, aunque pudiendo huir. Mientras, Bertrand Duguesclin quedaba en la retaguardia, entregándose como prisionero al final de la contienda. De nuevo tuvieron que pagar rescate los franceses por aquel general, que incluso llegó a considerar demasiado bajo para su rango, el precio que D.Pedro y el Príncipe Negro ponían a su libertad... . Tras regresar a Francia le llegó la suerte al conocer que el inglés abandonaba nuestras tierras, porque el rey castellano no le entregaba Vizcaya ni pagaba sus deudas bélicas. Por cuanto fue a presentarse de nuevo para servir a Enrique, ya en 1369 y en Toledo. Así lo hizo de nuevo, al mando de sus “compañías blancas”; sus mesnadas particulares, temidas por traicioneras y salvajes. Fue entonces cuando los del bastardo deciden dar un golpe a D.Pedro; quien estando en Carmona se ve obligado a huir sobre La Mancha, donde le vencen fácilmente en Montiel (mientras el monarca huía hacia el Norte, con el fin de reclutar de nuevo la ayuda del Príncipe Negro).
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Es en este desafortunado momento, cuando debe refugiarse el rey en el castillo de la Estrella (en el alto de Montiel); pero Pedro, conociendo que Duguesclin era un traidor, envía a uno de sus caballeros a entablar contactos con el francés. Viéndose sitiado y sin buena salida, pensó que podía comprar el favor del galo, para que le facilitase una huida. Es así como Duguesclin se ofrece para ayudarle, prometiendo sacarle de Montiel sin daño y pidiendo a cambio una enorme cantidad de dinero. Confiado, el rey D.Pedro se dirige solo y sin escolta, en la noche (del 23 de marzo de 1369) hacia donde aquel francés le había indicado; aunque pronto se da cuenta de que el canalla le había llevado hasta el campamento enemigo. Haciéndole llegar hasta la tienda de su hermano bastardo, con el que -al parecer- entabla una pelea en la que interviene Duguesclin; sujetando al monarca para que Enrique lo apuñale si problemas. Quien de ese modo tan indigno toma el trono de Castilla; llegando la nueva dinastía (de origen bastardo) y que conoceremos como los Trastamara o los Enríquez.
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JUNTO; SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotografías de Toro y Mota del Marqués. Arriba, Mota vista desde un lugar cercano a Morales de Toro. Al lado, la colegiata de Toro, coetánea a los hechos que relatamos, sucedidos en 1354. Abajo, el Duero y el puente romano de Toro; a cuyo lado Este se sitúa San Román de Hornija y el lugar de Tejadillo.









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2º- C ) El Pedrero:
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Sabemos que el rey D.Pedro fue muy querido en la zona de Mota, Tiedra, Urueña, Morales y Toro; donde habitaban sus caballeros más fieles y donde se refugiaba cuando se veía asediado por sus hermanastros. Debido a todo ello, dicen que tras producirse su vil asesinato, los de Mota cambiaron la mascarada, sacando al “Pedrero” en vez del “Perrero”. Recordando con ello al que dio muerte a D.Pedro, en la figura de un demonio vestido como un Bafomet. Pues decían que Bertrand Duguesclin era el quinto Gran Maestre del Temple, tras su disolución (llevada a cabo en 1314); comentando que aquellas “compañías blancas” que formaba como ejército el general galo, eran una copia y recuerdo de los caballeros templarios. Por todo ello, al conceder el rey de Francia el título de condestable a Duguesclin (tras la victoria de Montiel y el asesinato de Pedro I), se dijo que su grado equivalía al de maestre de la Orden del Temple. Debiendo considerarle un nuevo Bafomet; el diablo al que se creyó adoraban aquellos caballeros extintos. Por todo ello, dicen que en Mota del Marqués; desde el asesinato de Pedro I, salía en Carnaval “El Pedrero”; que representaba la figura del traidor Duguesclin convertido en un demonio, como el famoso Bafomet del temple. Siendo llamado “pedrero” en recuerdo del rey Don Pedro, al que traicionó y logró dar muerte de la forma más vil imaginada.
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JUNTO; SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, posible figura de Bafomet en la entrada de la iglesia de Amuscos (Palencia). Al lado, escultura tenida como un Bafomet en Tomar (centro templario de Portugal). Abajo, posible Bafomet en la iglesia templaria de Santoyo (Palencia).





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JUNTO; SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, mención a El Perrero en el libreto de LAS FIESTAS DE VALDEMOTA (1898, recientemente representada y reestrenada por miembros de AREPA Mota XII; a los que agradecemos nos hayan hecho llegar el documento). 
Al lado, vista desde el alto de Mota, donde llegamos a divisar tierras de Toro, y de Morales; la foto está tomada desde un arco de la caída ermita del Salvador -que aún soporta los avatares climatológicos-. Abajo, detalle del Monasterio de las Clarisas en Tordesillas. En esta ciudad fue sitiado D.Pedro y en el palacio que allí tenía, construyó varias estancias (creando unos baños árabes). Posteriormente el edificio fue convertido en convento, donde ingresó una de las hijas de María de Padilla y D.Pedro: Beatriz, que fue abadesa de Las Claras. Sus hermanas, Isabel y Constanza, se casaron con los hijos del rey de Inglaterra Eduardo III (el duque de York y el duque de Lancaster). Pensándose que quizás de ese modo llegaría el trono de Castilla hasta Inglaterra; aunque finalmente los Trastamara pudieron resolver su falta de legitimidad, casando a sus descendientes con los de Pedro I.
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BAJO ESTAS LINEAS: Terminamos esta leyenda con algunas fotografías más de Urueña, Tordesillas y Toro; poblaciones donde tuvo una gran relevancia la presencia de Pedro I y María de Padilla. Sugiriendo que creemos sería un recuerdo merecido que elevasen una estatua o un monolito en memoria de estos dos grandes personajes.
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CITAS:
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(1): PARA QUIENES DESEEN VER EN VIDEO LA SALIDA DE EL PERRERO DE MOTA, RECOMENDAMOS VELO EN:
LA FOTO QUE VEMOS ESTÁ RECOGIDA DESDE LA QUE CONTIENE El Norte de Castilla
EN, TRADICIONAL SALIDA DEL PERRERO DE MOTA DEL MARQUÉS
VER:
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(2): MASCARADAS DE CASTILLA Y LEÓN
Dirección General de Patrimonio Cultural
Consejería de Cultura y Turismo
Junta de Castilla y León
noviembre de 2012
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(3): INTRODUCCIÓN
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(4): CARACTERÍSTICAS
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(5): ORIGEN
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(6): TIPOS DE MASCARADAS
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(7): VER MI ARTÍCULO: Dioses de la Fertilidad; Min o Minu egipcio. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXX).
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(8): Los papiros mágicos griegos: entre lo sublime y lo cotidiano
Madrid 2015 (VV AA)
PAG 94 y ss.
WHIPPING IN MYTH, RITUAL AND MAGIC PRACTICE: A CASE OF CONVERGENCE
MARIANNA SCAPINI
(8a): Within Greek and Roman imagery –conveyed by both poetry and icono-graphy– everyday instruments such as whips, goads and stings (μάστιγες, κέντρα, οἶστροι, stimuli, verbera, flagella, virgae) are depicted as very com-mon divine weapons basically aimed at conveying two meanings. Firstly, whipping is a frequent representation of divine punishment. Secondly, it often depicts a divine intervention aimed at compelling something or someone to react in a certain matter. Both functions are clearly modelled upon the main functions of whipping in the everyday life of these rural societies: to drive animals, to compel or punish slaves and to punish criminals.
(8b): As we learn from Greek texts, when the punitive or stimulating whipping is addressed to a person, its first effect is often a form of divine. On the very basis of such a supernatural possession the whipped person will suffer, in the case of a punitive whipping, or will react or be compelled according to the god’s will, in the case of a stimulating whipping.
(8c): From these examples we see how both Dionysiac and erotic possessions frequently imply escaping from society or breaking the rules of civil life. Both in the case of the maenads in Bacchae and of Phaedra, we deal with women who leave their traditional role and dutie (…) In Roman literature, an example of erotic stimulation described with the metaphor of the whip, in this case defined as flagellum, is provided by Horace, who speaks of the sublime flagellum of Venus
(8d): We have texts alluding to whipping practices in Greek and Roman rituals of different epochs. Two examples are recorded by Pausanias (8,23), who speaks of whipped women in the Dionysos’s temple in Alea and Spartan boys whipped in honour of Artemis Orthia (...)
As regards the Roman world, ancient authors speak of the ritual of the Lupercalia, where noble youths ran up and down naked through the city, striking those they met with shaggy thongs and the hands of women in particular, in order to propitiate their fertility Plutarch, (Caes. 61) writes that: Many of the noble youths and of the magistrates run about the city naked, striking (...) for fun those they meet with shaggy thongs (...). And many noble women come to them on purpose, and like with a teacher offer their hands to be struck (...) , believing that it would propitiate fertility and pregnancy.
(8e):
As regards the divine punitive whipping which produces madness, in Greek and Roman literature this action is usually ascribed to infernal Furies, both in texts and iconography Furies, both in texts and iconography. Indeed, as De Cazanove points out, the Furies, who embody precisely human madness, are the ‘déesses aguillonnantes’ par excellence. It must be observed that the boundary between stimulating and punitive whipping is often subtle, since in ancient myths a divine uncontrolled possession is frequently a punishment in itself”.
En lo que respecta al azotes punitivos divinos que producen locura, en la literatura griega y romana esta acción generalmente se atribuye a las Furias infernales, tanto en textos como en iconografía. De hecho, como señala De Cazanove, Las Furias, que encarnan precisamente la locura humana, son los deseos de agujones por excelencia. Hemos de observar que la unión entre estimulación y castigo en el azote esta ujnida comúnmente; desde los antiguos mitos en que hay una divina e incontrolable posesión que frecuentemente de autocastigo.
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The old synthesis proposed by the anthropologist Arnold van Gennep in 1909 is still valid. The scholar underlines that ritual whipping and beating may be either an instrument aimed at stimulation -which was frequently sexual- or an expiatory practice intended to expel an evil spirit or an impurity. More generally, as a number of studies have underlined, many societies of different epochs have ascribed to the whipping of both living beings and in-animate objects an effect of renovation, good health, happiness and fertility. No doubt we have to interpret in this sense the tradition of Pheneus, where the priest of Demeter hits the ground with a rod. In case of whipping aimed at propitiating rebirth and good health, the expiatory meaning is not necessarily excluded, since the good effects can be achieved only after a purification from evil influences. In other words, the stimulating and expiatory function of whipping are to some extent complementary. When whipping regards human beings, such a positive effect of renovation manifests itself as an improved fertility (as in the Lupercalia) or as an ecstatic status, as is the case with many practices, including several rituals of initiation of different epoch and socie-ties, from New Guinea to Africa, as underlined by Van Gennep”.
La vieja síntesis propuesta por el antropólogo Arnold van Gennep en 1909 sigue siendo válida. El erudito subraya que los latigazos y los latidos rituales pueden ser un instrumento dirigido a la estimulación -que con frecuencia era sexual- o una práctica expiatoria destinada a expulsar un espíritu maligno o una impureza. En términos más generales, como han subrayado varios estudios, muchas sociedades de diferentes épocas se han adscrito al azotar a los seres vivos y a los objetos animados en un efecto de renovación, buena salud, felicidad y fertilidad. Sin duda tenemos que interpretar en este sentido la tradición de Fenéus, donde el sacerdote de Deméter golpea el suelo con una vara. En el caso de los azotes destinados a propiciar el renacimiento y la buena salud, el significado expiatorio no se excluye necesariamente, ya que los buenos efectos se pueden lograr solo después de una purificación de las influencias malignas. En otras palabras, la función estimulante y expiatoria de los latigazos es en cierta medida complementaria. Cuando azota a los seres humanos, un efecto tan positivo de la renovación se manifiesta como una fertilidad mejorada (como en la Lupercalia) o como un estado de éxtasis, como es el caso de muchas prácticas, incluyendo varios rituales de iniciación de diferentes épocas y sociedades. , de Nueva Guinea a África, como lo destaca Van Gennep.
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As Van Gennep underlines, the mechanism of ritual stimulating whipping is often based upon the transfer into the body of the energy of the plant or animal whose parts are used as a whip. The scholar calls this particular type of stimulating whipping a ‘rite of incorporation’. It is the case, for example, of the fecundative whipping of the Lupercalia, where whipped women are given the vitality of the billy or nanny goats whose skin is used to fabricate the whip. The same mechanism occurs in the etiological myth of Faunus whip-ping Bona Dea proposed by the ancients in order to explain precisely the rite of the Lupercalia. Indeed, as we have seen, the god uses a scourge of aphro-disiac myrtle to seduce his daughter. An expiatory function, however, might also be ascribed to the ritual, as suggested by Piccaluga, who connects the lashes addressed to Bona Dea to the fabrication of the passum , a syrupy ‘raisin wine’ .”
Como subraya Van Gennep, el mecanismo de estimulación ritual de los latigazos a menudo se basa en la transferencia al cuerpo de la energía de la planta o animal cuyas partes se utilizan como látigo. El erudito llama a este tipo particular de azotes estimulantes un "rito de incorporación". Es el caso, por ejemplo, de los latigazos fecundativos de la Lupercalia, donde a las mujeres azotadas se les da la vitalidad de las cabras monteses o niñeras cuya piel se usa para fabricar el látigo. El mismo mecanismo ocurre en el mito etiológico de Faunus whip-ping Bona Dea propuesto por los antiguos para explicar con precisión el rito de la Lupercalia. De hecho, como hemos visto, el dios usa un azote de mirto afrodisíaco para seducir a su hija. Una función expiatoria, sin embargo, también podría ser atribuida al ritual, como lo sugiere Piccaluga, quien conecta las pestañas dirigidas a Bona Dea con la fabricación del passum, un vino espumoso de pasas.
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(9): NOS REFERIMOS PRINCIPALMENTE AL ARTÍCULO DEDICADO A LOS DIOSES DE LA FECUNDIDAD; A LOS INTERESADOS LES FACILITAMOS LINK
Dioses de la Fecundidad y su posible significado calendárico -de Egipto a Japón-.
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(10): LOS MISTERIOS Religiones "orientales" en el Imperio Romano; Jaime Alvar (Crítica; Bacelona 2001)
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(11): Idem cita anterior; Jaime Alvar (página 71) citando a Fírmico Materno, en SOBRE EL ERROR DE LAS RELIGIONES PROFANAS (III, 2)
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(12): LA INSCRIPCIÓN DE LA DIOSA FRIGIA KU-BABA, EN EL COLLAR DE EL CARAMBOLO; PARTE SEGUNDA: Cultos y ritos heredados desde Frigia.
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(13): PARA CONOCER MÁS SOBRE EL TEMA, RECOMENDAMOS CONSULTAR EL LIBRO:
LA RELIGIÓN GRIEGA, FERNAND ROBERT, Mexico 1991, pags 27 y ss-.
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(14): IDEM CITA (2) MASCARADAS DE CASTILLA Y LEÓN // Dirección General de Patrimonio Cultural
Consejería de Cultura y Turismo // Junta de Castilla y León // noviembre de 2012
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(15): Friedich Georg Jünger // Los Mitos Griegos // BARCELONA 2006 (pag 70)
El dios, que cambia y se transforma, no adopta sólo apariencias zoomorfas, sino que también se muestra caminando entre la multitud festiva, cubierto por un ropaje bajo el que cabe sospechar su presencia aunque su ser esté allí envuelto de un modo irreconocible. Llega disfrazado, como un dios con máscara, como el enmascarado Dioniso. Por todas partes se encuentran sus máscaras, que a menudo son de tamaño colosal y constituyen una especie de envoltura de su ser, en la que se introduce y de la que sale (...) El dios con máscara da a conocer, como la máscara misma, una duplicidad. La máscara oculta y revela. Es encubrimiento, una forma rígida e inerte que sólo deja pasar la luz y el aire a través de la rendija de los ojos, de la cavidad de la boca. La máscara retiene el instante de la vida petrificada, el instante de la vida que se ha detenido, inamovible, y que, detenida con violencia, se desfigura de un modo fantástico y demoníaco. En sus rasgos puede haber miedo, asombro, sorpresa, pero siempre una extrañeza de la que emana un estremecimiento capaz de conmover al hombre en lo más profundo. La máscara es un rostro y ha sido formada para el rostro, pero no es una imagen, no es una copia que pretende la semejanza individual, pues el hombre con máscara no se reproduce a sí mismo ni a otra persona sino al dios. (...) La máscara y el falo que se pasea en las procesiones celebradas en honor a Dioniso guardan una relación: la máscara evidencia la vitalidad fálica. Estas procesiones marcan el inicio de la naturaleza bufonesca que se ha propagado por todas partes y que no niega su origen dionisiaco. Bajo la máscara de su bufonada el bufón es hombre dionisiaco, es el señor del mundo invertido, al igual que Dioniso. Desde las Dionisiadas, pasando por las Saturnalias romanas y el Festum Stultorum o el Festum Fatuorum, la verdadera fiesta de los bufones de la Edad Media, llega hasta el presente la esencia bufonesca”.
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(16): Menciona Robert Graves, en LOS MITOS GRIEGOS II (30) como fuentes del mito a:
Diodoro Sículo: v.75.4; Nono; Dionisíacas vi.269 y xxvii.228; Harpócrates sub apomatton; Tzetzes: Sobre Licofrón 355; Eustacio sobre la Ilíada de Homero ii.735; Firmicus Maternus: Respecto a los errores de las religiones profanas vi; Eurípides: Los cretenses, Fragmento, 475. Fragmentos Órficos (Kern, 34).
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(17): De la relación que mantuvo con el rey Alfonso XI nacieron diez hijos:
Pedro Alfonso (1330–1338), señor de Aguilar de Campoo, muerto en la infancia.
Sancho Alfonso (1331–1343), llamado «el Mudo», fue señor de Ledesma, Béjar, Galisteo, Montemayor del Río y Granadilla.
Enrique II de Castilla (1333–1379), señor de Trastámara, fundador de la Casa de Trastámara, de quien vienen las casas reales de Castilla y de Aragón.
Fadrique Alfonso (1333–1358), gemelo del anterior, maestre de la Orden de Santiago y señor de Haro, de quien descienden los Almirantes de Castilla-Duques de Medina de Rioseco (Casa de Enríquez). Fue el primero de los hermanos asesinado por orden del rey Pedro. Fue maestre de la Orden de Santiago, señor de Haro, adelantado mayor de la frontera de Andalucía y camarero mayor del rey, y fue asesinado en la ciudad de Sevilla en 1358 por orden de su hermanastro, el rey Pedro I de Castilla.
De Fadrique desciende el linaje de los Enríquez.
Fernando Alfonso (1334–1350), señor de Ledesma, Haro, Béjar y otras villas
Tello Alfonso (1337–1370), primer señor de Aguilar de Campoo y Lara, señor de Vizcaya y de quien descienden los marqueses de Aguilar de Campoo;
Juan Alfonso (1341–1359), señor de Badajoz y de Jerez de la Frontera a quien su hermano Pedro mandó matar;
Juana Alfonso (1342–¿?), señora de Trastámara, casada en primeras nupcias con Fernán Ruiz de Castro y en segundas con Felipe de Castro;
Sancho Alfonso (1343–19 de febrero de 1374), conde de Alburquerque, señor de Ledesma, de Alba de Liste, Medellín, Tiedra y Montalbán. Sucedió a su hermano Tello como alférez mayor en 1371;
Pedro Alfonso (1345–1359), lo mandó matar su hermano Pedro.
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(18): Nos dice la crónica de los reyes de Castilla
ACUERDOS DE TEJADILLO Y REY PEDRO EN CRÓNICAS
Cronicas De Los Reyes De Castilla
Escrito por Pedro Lopez De Ayala
CAPITULO XXXII.
COMO EL REY SE VIO CON LOS INFANTES de Aragon , é el Conde Don Enrique , e el Maestre Don Fadrique , / Don Tello , é Don Ferrando de Castro , é Don
Juan de la Cerda , / los otros Caballeros , segund era tratado,
El trato de las vistas fué fecho segund dicho avernos: é vieronse el Rey é estos Señores entre Toro é Morales en un lugar que dicen Tejadillo , ca aíli fueron las vistas acordadas, é es á media legua de Toro, é á otra media de Morales. E vinieron de caballo , armados todos (...) E fueron estos de cada parte : de la parte del Rey eran estos cincuenta (...) Alvar González Moran
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CAPITULO XXXIIL
COMO LOS INFANTES DE ARAGON Don Ferrando i Don Juian , / el Conde Don Enrique , é los otros Señores pasaron delante de la tilla de Toro , donde el Rey estaba : / como el Rey partió de Toro , e la Reyna Dona María su madre envió por los Señores , é los
acogió en Toro.
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Estando el Rey Don Pedro en Toro , é los Señores, de quien avernos contado , en Morales, é en Sant Román, e en otros lugares do posaban (...) partió el Rey de la villa de Toro , é con él fasta ciento de caballo , castellanos é ginetes, é fuese para Urueña , una villa é castillo muy fuerte do estaba Doña María de Padilla; ca allí la avía dexado el Rey, é con ella algunos sus parientes , porque la villa es muy fuerte (...) vieron cartas de la Reyna Doña María madre del Rey , que estaba en Toro, faciéndoles saber , que luego que ellos pasáran por Toro , partiera el Rey de Toro , é se fuera para Urueña , do estaba Doña María de Padilla : é que fuesen ciertos que el Rey non curaba de estar á ninguna ordenanza de lo que entre él é ellos era acordado en las vistas de Tejadillo , de lo qual á ella pesaba mucho.
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CAPITULO XXXIV.
COMO EL REY ACORDÓ DE SE PONER EN poder di la Reyna su madre , é de los dichos Señores :/ lo que y acaesció.
CAPITULO XXXV.
COMO EL REY DON' FEDRO VINO A TORO, dó las Reynas é los Señores estaban , é lo que y acaesció.
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(19): DICCIONARIO GEOGRÁFICO UNIVERSAL DEDICADO A NUESTRA SEÑORA LA REINA
TOMO IX
BARCELONA 1833
TEJADILLO: desp R de Esp provincia obísp y á 5 1/2 s leguas de Zamora part y á 1/ 2 al E. N.E. de Toro y a 36 de Madrid. Este despoblado fué aldea muy conocida en otro tiempo y célebre en el año de 1 354 quinto del reinado de D Pedro I el Justiciero en que fué el teatro de las visitas famosas de 50 por 50 entre los caballeros del reino y del rey para que hiciese vida marital con la reina, su legítima muger, la infeliz Doña Blanca de Borbón y se mantuvo poblado hasta el año 1490. Situado entre Toro y Morales á igual distancia de ambos cerca de una laguna que aun subsiste”